Hay días en que el cuerpo pide una pausa y no sabemos bien cómo dársela. Vamos de una tarea a otra, con los hombros tensos y la cabeza llena de pendientes, y casi nunca nos detenemos a tocarnos con cariño, sin apuro y sin un objetivo.
Un masaje sensual puede ser justamente eso: un ritual de autocuidado para volver a ti. No tiene que ser elaborado ni terminar de una forma específica. Se trata de crear un momento tranquilo, respirar, sentir tu piel y regalarte atención. Aquí te contamos cómo prepararlo, paso a paso, sola o en compañía.
Prepara un espacio que te invite a bajar el ritmo
El ambiente hace la mitad del trabajo. No necesitas un spa en casa: basta con un rincón cómodo, cálido y sin interrupciones.
- Temperatura agradable: con la piel descubierta, el frío se nota rápido. Ten una manta a mano.
- Luz suave: una lámpara tenue o velas, siempre lejos de cortinas, telas y del frasco de aceite, y nunca sin supervisión.
- Una toalla grande: protege las sábanas o el sillón del aceite y te permite cubrirte cuando quieras.
- Música o silencio: lo que te ayude a desconectarte.
- El teléfono lejos: o al menos en silencio. Este rato es solo tuyo.
Respira antes de empezar
Antes de tocar tu piel, dedica un par de minutos a respirar. Es el puente entre el ritmo del día y la calma que buscas.
Siéntate o recuéstate, apoya una mano en el pecho y otra en el abdomen. Inhala por la nariz dejando que el abdomen se infle y exhala lento por la boca, un poco más largo: por ejemplo, inhala contando hasta cuatro y exhala contando hasta seis.
Repite varias veces y nota cómo los hombros bajan y la mandíbula se suelta. Si te sientes mareada, vuelve a tu respiración habitual. Y si aparecen pensamientos, déjalos pasar: eso también es parte del ritual.
Cuida tu piel y elige bien lo que usas
Un buen aceite ayuda a que las manos se deslicen sin tirar la piel. El Aceite de masaje tibio Caricia, por ejemplo, tiene un efecto calor suave y un aroma tenue a vainilla que acompaña muy bien estos momentos.
Eso sí, cualquier producto nuevo merece una prueba en la piel antes de usarlo en una zona amplia:
- Aplica una pequeña cantidad en la parte interna del antebrazo.
- Espera unas horas, idealmente hasta el día siguiente.
- Si notas enrojecimiento, picazón, ardor o hinchazón, no lo uses.
Evita aplicarlo sobre heridas, piel irritada, ojos o mucosas. Los productos con efecto calor pueden sentirse más intensos en pieles sensibles, así que parte con poquito. Si estás embarazada, en el posparto o tienes alguna condición de la piel, conversa primero con tu matrona, ginecóloga o dermatóloga.
Aceite de masaje y lubricante no son lo mismo
Un aceite de masaje es para la piel del cuerpo, no es un lubricante íntimo. Los aceites dañan el látex de los preservativos y pueden hacer que se rompan, así que no los uses si hay un condón de por medio. Tampoco conviene aplicarlos en la vulva, una zona más delicada.
Si el masaje se vuelve más íntimo, lávate las manos y cambia a un lubricante base agua, como el Lubricante base agua Natural 100ml, que es compatible con preservativos y con juguetes.

Técnicas suaves para tu masaje
No necesitas saber de masoterapia: basta con moverte con calma y escuchar a tu cuerpo. Entibia unas gotas de aceite frotando las palmas y prueba estas técnicas:
- Deslizamientos largos: recorre brazos, piernas o espalda con la palma abierta, de forma lenta y continua.
- Círculos con las yemas: pequeños movimientos circulares en hombros, nuca, manos o pies, donde suele acumularse la tensión.
- Amasado suave: presiona y suelta con delicadeza en muslos o pantorrillas.
- Roces ligeros: apenas las puntas de los dedos sobre la piel, para despertar la sensibilidad de forma sutil.
- Manos quietas: al final, deja las palmas apoyadas unos segundos sobre el abdomen o el pecho. La pausa también se siente.
Ajusta la presión a tu gusto, pero evita apretar sobre la columna, las articulaciones, las várices o cualquier zona con dolor. Si una molestia se mantiene en el tiempo, consúltala con una kinesióloga o tu médica.
Un ritual para ti, sola o en pareja
Cuando es para ti misma
Masajearte es una forma concreta de decirte “me importo”. Puedes empezar por manos y pies, y subir poco a poco por piernas, abdomen, brazos, cuello y hombros. Ve a tu ritmo y quédate más tiempo donde se sienta bien.
No hay una meta: puede ser un momento relajante, sensual o las dos cosas. Si se vuelve más íntimo, perfecto; si solo te deja tranquila y lista para dormir, también. Como te contamos en El bienestar íntimo también es amor propio, darte cuidado y placer es parte de quererte.
Cuando lo compartes
Un masaje en pareja puede ser una manera preciosa de reconectar, siempre que ambas personas se sientan cómodas. Antes de empezar, conversen sobre qué zonas están bien, cuáles prefieren dejar fuera y cuánto rato quieren dedicarle.
Acuerden que cualquiera puede pedir una pausa o cambiar de idea, sin dar explicaciones. Durante el masaje, pregunten: “¿más suave?”, “¿te gusta aquí?”. Esos pequeños chequeos generan confianza. Y recuerden que un masaje sensual no tiene por qué terminar en sexo: puede ser simplemente un regalo de tiempo y cariño.
Un momento que te pertenece
Al terminar, no te levantes de golpe. Quédate unos minutos recostada y abrigada, y nota cómo se siente tu cuerpo. Si masajeaste tus pies, cuidado al caminar: el aceite resbala. Toma agua y llévate esa sensación contigo.
No tienes que hacerlo perfecto ni todos los días. Puede ser un ritual de domingo o de “hoy fue un día difícil”. Lo importante es que sea tuyo, sin presión, y que te recuerde que mereces este cuidado.
Y si quieres sumar algo que lo haga más especial, date una vuelta por la tienda.




